Transradio

“Que me dejara sola algunos días. Que se tomara unos días en el trabajo y me hiciera compañía. Que me consolara, que me dejara llorar tranquila. Que me dejara hacer mi duelo. Y que me cocinara, que me dejara dormir, que cerrara la persiana, que me acariciara el pelo, que me preparara el baño, que me hablara mucho, que se quedara callado, que nos fuéramos a la casa de mi infancia, que ahí iba a estar todo bien, que era lo último que le pedía. Y él había accedido. A todo.”

Es una novela que se lee de un tirón, es atrapante y ágil pero también profunda. Duelo, pérdida, búsqueda, depresión, maternidad, infancia, confusión…

“Te pasa que te acordás de cosas que no sabes si son recuerdos o inventos?”. Sí, a todos nos pasa. Y sospecho también que todos nos preguntamos alguna vez “Qué hacemos con lo que nos duele?”.

Es fácil identificarse con algunas sensaciones e imposible no agobiarse con el calor húmedo y pegajoso del pueblo que parece salir de las páginas del libro para enturbiar el aire de nuestra propia casa.

Me gustó mucho el libro pero no pude evitar la molestia que me generó esa manera peyorativa en que reiteradamente la protagonista dice “el mogólico,” al referirse a uno de sus vecinos. Ricky es un chico irrespetuoso, mal educado, prepotente, que tiene olor y grita todo el día.

“Me pregunto si Elsa sabía dónde estaba su hijo o si estaba tirando al aire el nombre y esperando que esa voz lejana llegara a los oídos del mogólico y el viniera hacia nosotros. Como cuando se le silba a un perro». Presentar » un mogólico malo» es una novedad incómoda pero interesante. Viene a romper con esa romantización de la discapacidad tan frecuente, que los presenta como «seres especiales», «incapaces de maldad», «angelitos de Dios» etc.

Rescato ese intento de desmitificar y romper con los eufemismos con los que se suele nombrar a las personas con discapacidad, y coincido en que Ricky es insoportable. No solo porque es atropellado y grita, sino por lo que grita: “negros de mierda”. Repite (como cualquier chico) lo que dice su mamá. Y como cualquier chico sin educación, límites o nociones de modales básicas (por favor / gracias) resulta insoportable. No usemos la discapacidad como excusa. Lo entiendo y lo comparto. Pero el rechazo se percibe anterior a la caracterización, por lo tanto la reiteración del uso despectivo de la palabra mogólico me resultó violenta e innecesaria.

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