Charly en el país de las alegorías

Charly García llegó a la conclusión de que el 80% de las bocinas de los autos estaban en la nota “Si”. Say no more. Carlos Alberto García Moreno nació 23 de octubre de 1951. No llegaba a los 3 años cuando sus padres le regalaron un pianito de juguete. Tocaba música clásica todo el tiempo: Chopin, Bach, hasta prendía velas. Comenzó a componer cuando cumplió los 9 y se convirtió en profesor de teoría y solfeo a los 12. Un vecino contó que cuando Charly tocaba en la casa se caían los cuadros de su casa. Tremendo.

Charly es un centro de gravedad del rock argentino. Una Supernova. Su música estuvo marcada por Los Beatles. Cuando los escuchó por primera vez en los sesenta pensó que era música clásica de marte. Lo primero que oyó de ellos fue el tema «There’s a place». Esa letra: “hay un lugar donde puedo ir cuando estoy triste y está en mi mente”. Ese uso de las cuartas. Todo le dio vueltas. Chau a su carrera de concertista clásico. Kaboom.

Melodías de Charly hoy son paisajes de Buenos Aires. También sus letras. El gran libro Charly en el país de las alegoríasde  la académica Mara Favoretto, editado y reeditado seis veces por Gourmet Musical, hace un mágico y misterioso tour por las letras de Charly. La autora agrupa versos de sus canciones de todas las épocas, los organiza, los piensa, los espeja. Orbita en el planeta García.

Así, pues, al agruparlos, vemos de qué manera Charly aborda la muerte en sus letras. Inevitable: “Antes de llegar se aferraron mil ancianos pero se fueron igual”; Misteriosa: “Quisiera saber tu nombre, tu lugar, tu dirección”. Cíclica: “Solamente muero los domingos”. Rutinaria: “Veo morir al sol que mañana sobre la avenida nacerá”. Seductora: “Preparás la cama para dos”.

El libro también indaga en las canciones de amor en Charly. La autora analiza que en sus letras el amor está idealizado, pero no bajo ideales hegemónicos, sino de una juventud alternativa, desprejuiciada. García, a lo Charly, irá entonces contra las masculinidades: “Soy un hombre que quiere andar sin permiso para ir a llorar” (oración censurada de Instituciones); “Dos tipos en un bar se toman las manos, prenden un grabador y bailan un tango de verdad” (No soy un extraño, 1983). Claro, esos raros peinados nuevos.

Charly iniciará su imparable ego trip en los 80 hasta convertirse una parodia de sí mismo. La construcción del personaje, el mito posmoderno, se irá observando en las letras. Ese García dirá: “No voy en tren, voy en avión”; También: “mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar”. Y además: “Correte, Beethoven”. Un García demoledor de hoteles. Un García indómito. Como decía Luis XIV de Francia: L’État, c’est moi. El Estado soy yo.

La política, obvio, será otra esfera analizada en el libro: «Botas Locas», «Los Dinosaurios», «No bombardeen Buenos Aires», «Juan Represión», «Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario o no». Qué temas. De hecho, utilizando como base la canción “Canción de Alicia en el país”, el libro va hablando de un Charly alegorista y se mete en un análisis paralelo entre las canciones del autor de «Seminare» con la gran obra de Lewis Carroll.

En sus letras, de este modo, Charly pasa de La Ilíada y la Odisea, El Fantasma de Canterville y el mito griego de Casandra a nombrar a Lennon y a Rucci. Lo intelectual, así, actúa como un código cifrado en épocas de represión y sombra. Los personajes de la realidad lo hacen operar como un cronista de la época en la cual él mismo se ubicará como protagonista: un estropeado héroe del rock. Esas motos que van a mil.

En un año de cuarentena, qué se puede hacer salvo escuchar a Charly García.

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