Enfermos de oscuridad

“La oscuridad no se comparte, se contagia”, dice Sol Vargas, la protagonista de una de las cuatro historias que componen Enfermos de oscuridad (Azul Francia, 2020), el libro en el que Lucas Berruezo nos regala un universo más o menos fantasioso, más o menos realista, pero cargado de dolor y vacíos existenciales. El libro consta de cuatro relatos, independientes entre sí, unidos solo por la bruma, la oscuridad, el horror siempre latente que los envuelve.

En el primer cuento, “Historia de amor”, un hombre narra el tormento al que es sometido por el ¿recuerdo? de su esposa fallecida. Con referencias a un Edgar Allan Poe enamoradizo y romántico, Berruezo nos lleva de la mano por un relato desgarrador, que acelera el pulso del lector ante la impotencia del protagonista que no puede hacer más que rendirse a su inminente destino: “Mi miedo a la muerte es demencial, pero no por lo que ignoro de ella, sino por lo que sé”.

En “Título pendiente”, la segunda historia, la literatura se coloca en el centro de la escena y el autor juega con un mundo más cercano a lo fantástico. “¿Qué es la vida de un escritor si no tiene lectores? ¿No es acaso la muerte?”, pregunta Eustaquio Gorroytia, un viejo escritor en decadencia que hará cualquier cosa (realmente cualquier cosa) por recuperar su esplendor y su juventud.

La locura tiene su lugar en el tercer cuento del libro: «Progenitura». Berruezo abre una brecha espacio-temporal y juega con una especie de realidades paralelas, que llegan a conectarse mediante dos acontecimientos atroces sufridos por dos personas que no se conocen, y tienen por punto en común la enajenación y el desequilibrio emocional y mental. Asimismo, la historia abre el interrogante sobre el amor por y de los hijos.

Enfermos de oscuridad cierra con «Vagos», el más extenso -quizá, el más atrapante- de los relatos, y al mismo tiempo el más «terrenal».

Aquí no hay más que la cruda realidad. Una realidad que es una piña de frente para los personajes y deja una sensación amarga en la boca del lector. Una joven es sacada por la seguridad de un boliche del conurbano bonaerense y emprende su regreso a casa, caminando en soledad. En el camino se encuentra con un compañero de colegio que está enamorado de ella y que cree que esa noche puede producirse el acercamiento que tanto deseó. Sin embargo, luego se unirá a ellos un chico que a priori nada tiene que ver con ellos.

En la larga caminata de este trío transcurre una historia que une dos mundos totalmente opuestos: por un lado, el chico con educación que debate sobre filosofía con su padre; y por el otro, el pibe que hace lo que sea para llevarle el pan a sus hijos, la calle, lo marginal, lo más bajo de la sociedad, que deja en su discurso de borrachera un puñado de enseñanzas y reflexiones.

Berruezo deja para el final del libro el relato más filosófico de los cuatro: ¿qué son la vida y la muerte? ¿Qué es la felicidad? ¿Para qué vivir? Como dice uno de los personajes, “se viene al mundo a sufrir”.

Instagram: @nico.fz

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