Doce horas conversando con Luis Scalise, el pulpo del ajedrez argentino

Por Daniel Mecca (@danielmecca)

Bobby Fisher le conseguió pilas para su computadora portátil durante la cobertura del torneo en Sveti Stefan, en la costa de Montenegro, ex-Yugoslavia, durante la guerra en 1992.

Su madre no quería que jugara: le decía que el ajedrez era un juego de naipes para gente de bares y cafetines.

Él no hizo caso.

Aprendió ajedrez leyendo de una revista, se compró su primer tablero en una juguetería y le ganó una partida a su maestro de escuela de tercer grado.

La serie Gambito de Dama le reportó tener veinte alumnos por Zoom por semana, pero caracterizó que sería una moda pasajera y no le erró: a los meses le quedaban tres.

En su ranking de ajedrecistas, se queda primero con la sencillez y la claridad del maestro José Raúl Capablanca. Luego con la lucha inclaudicable de Emanuel Lasker y, finalmente, con la profundidad de Alexander Alekhine. Bobby Fisher, dice, es una síntesis de los tres.

Jugador y árbitro de ajedrez, asesor de la Federación Argentina, miembro en la Comisión del Club Argentino, periodista especializado en ajedrez y profesor, tiene frases de cabecera que dice siempre al enseñar: “Mejor la amenaza que la ejecución”; “lo más importantes es la coordinación de las piezas”; “para empatar, hay que jugar a ganar”.

Luis Scalise Di Maio —o, para hablar con propiedad, “El Pulpo” Scalise— es una enciclopedia del ajedrez que todos deberían conocer, un personaje que recorrió el mundo cubriendo ajedrez en la época de oro del periodismo ajedrecístico y que hoy los clickbait han dejado —como a todo lo que realmentente vale— en los costados.

“El Pulpo” tiene aquello que hoy falta: sabe. “El Pulpo” sabe.

Con Kasparov, en la redacción de Clarín, en 1997. De pie y con anteojos, El Pulpo. Escribiendo, el periodista Marcelo Maller.

Nació el 10 de noviembre de 1952 en la Maternidad Sardá.

Aquel niño que creció “pobre como una laucha” en un corralón de la calle Doblas 1948, en Boedo, llegó a codearse con grandes maestros como Miguel Najdorf, Gary Kasparov o Bobby Ficher y desde el 10 de octubre de 1997 tiene su página web especializada en ajedrez: http://scalise.260mb.org/ (allí se lo puede contactar para tomar clases).

Empezamos la conversación a las 10.36 del sábado 15 de enero de 2022 y finalizamos a las 22.35 del mismo día.

Una conversación sobre cómo empezó su carrera en el ajedrez en Boedo; su llegada al periodismo y la época de oro que le tocó protagonizar en el siglo XX; su cobertura de los partidos históricos; su iniciación como profesor de ajedrez —que es su actual oficio— ; sus métodos de enseñanza, la edad propicia para empezar a estudiar ajedrez y la cantidad necesaria de horas de estudio; los programas de computadora y los libros que recomienda; sus preferencias por el ajedrez del maestro Capablanca y la exploración que hace en las biografías de los ajedrecistas; las partidas de ajedrez que más le ha emocionado estudiar; la violencia que se vive en una partida y el ego de los ajedrecistas; la fallida espectacularidad en la representación de este deporte en el cine; la aplicación del conocimiento del ajedrez en otros oficios y los modos de razonamiento; sus propuestas para que se refuerce el estudio del ajedrez en las escuelas primarias y la comparación con esta educación en Rusia; la equivocada visión del ajedrez como juego de elitistas y la política de la revolución bolchevique frente al ajedrez; el destino del ajedrez frente al fútbol.

En definitiva, doce horas conversando sobre todo lo que usted siempre quiso saber sobre ajedrez y nunca se atrevió a preguntar.

Pero primero, lo primero.

—¿Por qué el apodo de “El Pulpo”?

—Cuando ingresé a Clarín yo era periodista en Convicción, árbitro de ajedrez, jugador, asesor de la Federación Argentina y estaba en la Comisión del Club Argentino y Juan De Biase, el Secretario de Deportes, me dijo: “Pero vos sos un pulpo! ¡Estás en todas partes!”. Y había un crack de fútbol en Racing que se llamaba José Scalise -que le decían “El Pulpo”- y de ahí me empezaron a llamar así. Cuando venían los pasantes de las Escuelas de periodismo no me conocían por mi verdadero apellido, me llamaban por “El Pulpo”.

—¿Tenés recuerdo de tu primer contacto con la palabra ajedrez?

—Sí. Estaba en tercer grado, tenía 9 años y en la escuela nos pedían que hiciéramos un dibujo alusivo a la Revolución de Mayo. Yo iba a la Biblioteca Miguel Cane que está en Carlos Calvo y Muñíz. Allí pedí la Revista Billiken, un Simulcoop con dibujos alusivos a Mayo de 1810. Y la bibliotecaria me trae todo y una nueva revista que se llama Selecciones Escolares. En ella, en la última página, había notas de ajedrez del Maestro Bernardo Wexler, que enseñaba ajedrez en esas notas y quedé fascinado y así fui aprendiendo.

—Una biblioteca con su historia… Allí fue donde trabajó (Jorge Luis) Borges en los años cuarenta.

—Exacto. Y el hijo de Roberto Arlt y el papá de (José) Sanfilippo.

—Espectaculares datos. ¿Cuánto tiempo pasó desde que accediste a aquellas enseñanzas de Wexler a tener tu primer tablero de ajedrez?

—Muy poco tiempo. A los pocos días fui a una juguetería cerca de casa y con plata que me dio mi madre me compré un juego. Y a los pocos días, mi maestro de tercer grado de apellido Giuliano, viene al aula con el juego y pregunta si alguien jugaba y yo me lancé de lleno y le gané muy fácil. Este maestro me dijo que la Municipalidad iba a hacer un torneo escolar y que yo tenía que participar. El torneo era en Parque Chacabuco…. Y fui…. Y gané ese torneo. Eran muchos chicos. No me acuerdo cuántos. Y ahí me enteré de que en Parque Chacabuco los martes, jueves y sábados a las 18 horas se jugaba ajedrez libre y gratuito.

Dando una simultánea para chicos en “Caminito”, en 1990.

¿Qué edad tenías en ese momento? ¿Cómo recordás que jugaba aquel joven Pulpo?

—Tenía 10 años. Mi fuerza de juego era la de un chico de hoy sub 8 (categoría FADA, Federación Argentina); o sea era muy bueno para mi edad, pero flojo a nivel club.

—¿A qué atribuís esas condiciones para un chico de 10 años? ¿En tu casa había alguna afinidad por el ajedrez?

—Ninguna. Es más, mi madre no quería que me dedicara al ajedrez. Le parecía un juego de naipes para gente de bares y cafetines. Y me dijo que me dedicara a la escuela. Así fue como entré a la Enet No. 2 Ingeniero Huergo. Y eso me impidió practicar ajedrez. O muy poco.

—¿Qué le contestabas a tu mamá cuando te decía aquello de la gente de bares y cafetines?

—Que no era así. Que había clubes de ajedrez y le pedí que me anotara en uno, el Club Jaque Mates que está en Santiago del Estero 952. Y así comencé mi carrera en cuarta categoría, y juvenil. Pero podía jugar muy poco porque tenía doble escolaridad: teoría a la mañana y taller a la tarde; y cuando llegaban las diez de la noche ya tenía un cansancio muy grande.

—¿En aquellos años estabas entusiasmado con hacer una carrera profesional con el ajedrez o era más bien, pese a tus condiciones, un hobby?

—Era un hobby. Me encantaba. Ni soñaba con hacer carrera. ¡Tenía “hambre” de ajedrez!

¿Y cómo continuó la historia?

—En ese club Jaque Mate estuve muy poco tiempo, creo que un año. Enfrente había una casa muy vieja, de esas que llamaban conventillo. Allí vivía un chico que se colaba al club para armar lío. Por ejemplo en medio de un torneo entraba corriendo y tiraba todas las piezas de las mesas de juego.

Un día estaban jugando un torneo de primera categoría metropolitano, (Miguel) Quinteros y (Roberto Luis) Debarnot, futuros destacados maestros, y entró este pibe y les tiró las piezas varias veces. Entonces el joven Quinteros lo tomó del cuello de la camisa y le dio un cachetazo. El pibe se fue y no vino más por mucho tiempo. Posteriormente yo estaba jugando con Nale, un periodista de Turf de aquella época, un tipo serio. Y entró este pibe corriendo y nos tiró las piezas, varias veces, y a la tercera vez lo tomé de la camisa y justo en ese momento entra el Presidente del Club y me ve en esa actitud y me echa del club. Ese misma noche me fui al Club Argentino de Ajedrez y me hice socio. Era diciembre de 1964. Tenía 12 años. Al día siguiente me llamó un directivo de Jaque Mate pidiéndome disculpas, que el Presidente se había equivocado. Y yo le dije que ya me había asociado al Club Argentino. Muchos años después, cuando ya trabajaba en Clarín, ese Presidente de Jaque Mate me vino a ver para que le publicara no sé qué cosa del Club y yo le recordé el caso. Me dijo que era muy rencoroso….¡Je!….Pero igual le publiqué lo que pedía.

Jugando con el maestro internacional Luis Bronstein en Mar del Plata, en 1986

LA ÉPOCA DORADA DEL AJEDREZ

—¿Cómo fue el paso de jugador juvenil a tu ingreso al periodismo? ¿Entraste directamente a Clarín?

—No, faltaba mucho. En el Club Argentino, en 1965, yo integraba el Grupo de Juveniles promisorios. Estaban Aldo Seidler, campeón argentino juvenil, Sergio Giardelli y varios otros. El Presidente del Club Argentino, Raúl Cruz (exdecano de la Universidad de Tandil y fuerte jugador argentino) me puso a cargo de la Comisión Juvenil. Un cargo de liviandad: solo tenía que ir a jugar como juvenil a otros clubes con Seidler, Giardelli y el grupo de 20 juveniles. Esto era los sábados o domingos y yo podía hacerlo porque no tenía escuela. Un periodista, jugador y árbitro veterano como Luciano Cámara me conoció y me empezó a introducir en el mundo del arbitraje, organización y boletines de torneos. Así comencé a “hacer prensa” en los torneos y a vincularme con el periodismo.

En 1978 vino la Olimpiada en River. Yo ya era un jugador de primera categoría, reconocido como boletinero y ayudante de árbitro. Y Cámara me recomienda al recién fundado diario Convicción -diario de (el genocida Emilio) Massera, para oponerse a (el genocida Jorge Rafael) Videla-. Yo no tenía la más mínima noción de política, de periodismo y de nada en la vida. Me metía en todo de lleno porque me gustaba lo que hacía. Dos años después, en abril de 1980, entré a Clarín. Y ahí empezó mi carrera como periodista.

En Convicción tuve una columna de ajedrez desde que se fundó en agosto de 1978 hasta que cerró en 1982. Uno de los periodistas deportivos destacados, (Enrique) Macaya Márquez, trabajó allí también. En toda la década del 70, en el Club Argentino, fui conociendo y familiarizándome con maestros como (Miguel) Najdorf, (Oscar) Panno, Quinteros, etc. De modo que cuando entré a Clarín ya los conocía a todos. Pero ninguno de mis jefes sabía eso.

Hasta que un día, en un día franco, alguien cortó muy mal la nota de Najdorf (NdelR: se refiere a la edición del artículo). Al día siguiente apareció Najdorf enfurecido, gritándoles a mis jefes y estos, muy sueltos de cuerpo, le dijeron: “El especialista es Scalise, ¿cómo vamos a cortar nosotros su nota, don Miguel?”. O sea, ¡me echaron la culpa a mí! A lo que Najdorf les respondió: “Juego todas las noches con Scalise en el Club Argentino. Él no pudo cortar tan mal esa nota. Fue uno de ustedes… Basta de mentir, si no le voy a decir a (Marcos) Cytrinblum (entonces Secretario de Redacción del diario)….”. La cosa no pasó a mayores. El viejo se calmó y entonces los jefes, cuando tenían que tomar una decisión de ajedrez, me llamaban de urgencia.

—¿Empezaste a cubrir exclusivamente ajedrez en Clarín? ¿Qué lugar le daba el diario al ajedrez en aquella época?

—Cuatro páginas cuando había un evento importante, como un campeonato mundial, magistral Clarín o Campeonato Argentino. Después, según la importancia, oscilaba entre una y dos páginas. Era la “Época de Oro del Periodismo Ajedrecístico”. Viajaba por el país a todos los torneos abiertos importantes (unos diez al año). A partir de 1984 me pusieron como cronista en Natación y Voley. En realidad ya me mandaban a cubrir cualquier cosa. En ajedrez era el especialista y, en lo demás, cronista. Y en 1990 pasé a redactor fulltime. También había adquirido mucha experiencia en todo lo vinculado a la informática.

Otra imagen con Kasparov en la redacción de Clarín.

—¿Qué coberturas de partidos históricos recordás más?

—Bueno, sin duda el Fischer v. (Boris) Spassky en Sveti Stefan, en la costa de Montenegro, ex- Yugoslavia en 1992, durante la guerra; el abierto de San Pablo Brasil, en 1991; el Panamericano por equipos en Cascavel, Brasil; en Mar del Plata, 1982, el Magistral Clarín. En 1980 también de Clarín…. qué se yo, muchos. En voley el Mundial en Río de Janeiro en 1990 y el mundial juvenil de Voley en Rosario. En natación, el Campeonato Argentino en Paraná. Por otra parte, la carrera de atletismo entre Posadas y Encarnación, en 1986. También un asalto a un Banco Francés en Morón…

—¡¿Un asalto al banco?!

—Lo del Banco fue casi gracioso porque los domingos, en la década del 80, venía poca gente a la redacción. Solamente en Deportes iba la sección completa, ¡pero se iban a la cancha! Y en las otras secciones solo venían los jefes y algún redactor. Y en algunas secciones, nadie. Entonces se produjo lo del robo del banco en Morón y no había ningún cronista en redacción….solo el de ajedrez y…. bueno, tuve que ir con un miedo terrible.

—Contame un poco sobre aquella cobertura de Fischer v. Spassky en la ex Yugoslavia. Habrá sido impresionante estar ahí, ¿no?

—Lo de Fischer y Spassky fue un paseo turístico para mí. Conocía a todos los periodistas que estaban cubriendo el evento y a muchos maestros presentes. A esa altura ya transmitía por notebook al diario y, en la misma, tenía uno de los primeros programas que analizaban bastante bien. Fue muy, muy fácil para mí esa cobertura. Había como 300 periodistas especializados.

—Cuando hablás de los primeros programas, te referís a los simuladores de ajedrez en la computadora…

—Sí. Claro. Ahora son los campeones del mundo. En aquella época jugaban como un jugador de fuerza de 2.300 de ranking internacional. Hoy en día tienen un ranking de 2.750 o 2.800.

—¿Cómo es ese sistema de puntuación profesional en ajedrez?

—Magnus Carlsen, el actual campeón del mundo, tiene 2.860 y es el N° 1. Las computadoras, la Stockfish 14, tiene 2.800. Pero ¿qué ocurre? No se pone nerviosa, no se deja impresionar por el rival y juega muy rápido. Y así va subiendo el ranking hasta la estratósfera. Por eso los maestros (piolas) no le juegan.

¿Cómo se mide este puntaje? Es el que vas adquiriendo al ir jugando con otros rankeados. Según tus resultados, vas aumentando o bajando. La Federación Internacional establece que para entrar con un ranking mínimo de 1.700 puntos, por ejemplo, tenés que jugar con siete ajedrecistas rankeados y lograr el 30% de los siete puntos en disputa. Si vos jugás con siete ajedrecistas de 2.200 puntos y lográs ganarle a los siete entrás en ranking con 2.200. Algo difícil. Y si lográs 2,5, entrás con 1.700, también algo difícil para un ‘no rankeado’. Un ‘no rankeado’ sería una persona que solo sabe el movimiento de las piezas

—¿Cuántos años cubriste ajedrez para Clarín?

—20 años y siete meses. Y sigo con mi Home Page desde octubre de 1997: http://scalise.260mb.org. Y estos dos años de pandemia estuve dando clases virtuales por Zoom, Meet, Skype.

Uno de los libros escritos por Luis Scalise.

—Habrás tenido muchas anécdotas cubriendo ajedrez por el mundo. ¿Cuáles recordás más?

— Quinteros me pidió que le llevara a Fischer un maletín de cuero labrado. Cuando llegué a Sveti Stefan, Fischer no daba ninguna entrevista. Pero Quinteros lo llamó por teléfono y le dijo que tenía un regalo. Al día siguiente yo estaba tomando un café en el Hall del hotel donde se jugaba y donde nos alojábamos todos. Entonces vino el director y dijo en inglés, en voz alta, que Bobby Fischer había ordenado que yo le pidiera lo que necesitara. Me quedé sorprendido y le dije que solo necesitaba pilas para mi notebook, algo difícil de conseguir en un país en guerra. El tipo se fue y volvió con una bolsa de pilas y entonces le di el regalo para Bobby, el maletín de cuero. Cuando Bobby dio la primera conferencia ante unos 300 periodistas entró a la sala con el maletín, lo puso arriba de la mesa y todos los fotógrafos sacaron una foto de Bobby con el maletín. Cuando terminó la conferencia, Quinteros me llamó al hotel y me comentó que Bobby le había dicho: “Mañana mirá la foto en tu diario…”.

PULPO PROFESOR

—Contame de tu etapa de dar enseñanza de ajedrez. ¿Cuándo empezaste? ¿Qué significa dar clases para vos?

—Es lo que más me gusta. Fue gracias al extraordinario Armando Vidal, quien me dijo en 1982 que me había recomendado a una escuela para dar clases. Yo no había dado clases formalmente. La Escuela era Granaderos de San Martín en Av. Del Libertador y Federico Lacroze. Una enorme escuela. Daba clases los sábados de 10 a 14. Lo hice durante dos años. Tenía un aula con 35 chicos cada hora. Impresionante. De allí salió un chico que ganó el Torneo Escolar en el Banco Ciudad, en 1984: Bruno Stagnaro, quien dejó de jugar al poco tiempo. Y después tuve alumnos particulares siempre. En 2005 entré en el Plan Escolar de CABA, pero solo duré un mes. Los chicos y las escuelas no son como antes. Hay mucha falta de amor en los pibes, mucha incidencia desafortunada de los padres.

—¿Tenés un método particular en enseñanza del ajedrez?

—No: es el viejo método de mostrar ejemplos, yendo del final hacia el comienzo de una partida. Método que usaban (Emanuel) Lasker, Capablanca y todos los maestros del pasado.

—¿Qué recomendaciones le darías a un chico o chica que está dando sus primeros pasos en el ajedrez?

—Estudiar todo a través de la computadora, online…. Y tratar de practicarlo en forma presencial para poder relacionarse y sociabilizarse. Pero entrenar con la computadora. O sea jugar contra los programas, cambiando de nivel y luego practicarlo en algún torneo abierto o un club. Así lo hizo (Magnus) Carlsen….y los resultados están a la vista.

Con el gran maestro sueco Ulf Andersson en 2017 en el Club Argentino.

—¿Recomendás algún programa en especial para estudiar?

—Hay muchos. Yo uso el Arena 3.5 que es gratuito. Y luego bajar partidas y problemas de la web de sitios como
http://wwe.pgnmentor.com. Todo gratuito. Después están los programas pagos como Fritz 17, Chessbase, etc. Todos estos links y recomendaciones están en mi homepage, abajo de la página frontal (dar click acá para acceder).

En lo referente a método de enseñanza, estoy usando bastante lo que llamo “el Camino de la Perdición”: consiste en conseguir un programa para jugar en la compudora, poner el nivel más flojo e ir subiendo a medida que se le va ganando. Va a llegarse a un nivel donde no se le puede ganar. Bien: allí hay que jugar y perder hasta que te den jaque mate; ir controlando en qué cantidad de movidas se pierde e ir intentando resistir lo más que se pueda. Y así seguir y seguir y seguir. Se va a perder siempre. Pero la cantidad de movidas va a ir incrementándose. Cuando en el máximo nivel del Stockfish 14 se pierda en 80 jugadas, habremos alcanzado los 2.800 puntos del ranking. Una tarea ciclopea a la cual muchos Grandes Maestros no llegan.

—Una vez me comentaste que el estudio de ajedrez se equiparaba al estudio de una universidad por la demanda de tiempo, esfuerzo, estudio, voluntad. ¿Cuántas horas un alumno debería estudiar por día para convertirse en un gran maestro?

—Sí, es así. Depende de las condiciones del aprendiz: Lasker decía que él con 100 horas de teoría y un año de práctica podía lograr un ajedrecista de primera categoría con una persona normal. Pero….era Lasker….Y, además, ¿qué es una persona normal?

Otro de los libros de Luis Scalise.

—¿Cuántas horas llegaste a estudiar por día?

—No recuerdo bien, pero siempre que podía le metía unas dos o tres horas por día. A veces, ya cuando hice amigos en el club, nos reuníamos en casa de otro para estudiar entre varios, que en realidad terminaba en grandes sesiones de partidas rápidas. Con la práctica se aprende un montón.

—¿Recomendás algún libro en especial para comenzar el estudio del ajedrez? ¿Quizás el Tratado General de Ajedrez de Roberto Grau?

—Sí, el tomo uno de ese libro de Grau, “Rudimentos”. También Fundamentos del ajedrez de Capablanca, que se puede bajar gratis de mi homepage. Hay muchos muy buenos: Viaje al reino del ajedrez de Yuri Averbach; Larousse del Ajedrez, que es una enciclopedia magnífica que te muestra el ajedrez en el arte y en la literatura.

CAPABLANCA

—¿Es Capablanca tu gran referente en el ajedrez?

—Sí, definitivamente. Era muy claro en sus conceptos. Después Lasker. Y después (Alexander) Alekhine. Fischer era una síntesis de los tres.

—¿Qué es, técnicamente hablando, aquello que hace de Capablanca, a tu entender, el mejor de todos comparado a otros grandes maestros?

—Su sencillez y claridad. Lasker representa la lucha inclaudicable. Alekhine, la profundidad.

—Hemos conversado varias veces sobre las historias detrás de los grandes maestros del ajedrez. ¿De dónde viene tu exploración por esas biografías detrás del tablero de ajedrez?

—Dejan enseñanzas. Son seres humanos como cualquier otro, con defectos y virtudes. Capablanca era un bonvivant. Lasker, un filósofo, amigo de (Albert) Einstein. Alekhine un hosco y solitario que pasó varias guerras en las cuales perdió todo. Todos de extrema cultura general. Euwe, Max Euwe, otro grande de la historia del ajedrez, un caballero, en el más estricto sentido de la palabra. Matemático, boxeador, alpinista. Tuvo seis hijas. Durante la segunda guerra refugió en su casa en Amsterdam a muchos judíos. Un héroe.

—Hablando de Capablanca, fue sorprendente -y sorpresiva- su primera victoria frente a Lasker, ¿no?

—Sí, sorprendió porque Lasker era considerado como un Dios del ajedrez hasta ese momento. Fue en 1921. Y ahí tenés un ejemplo de lo desastrosa que son las guerras. Capablanca y Lasker estaban dispuestos a jugar en 1914 y justo se desató ese infierno y hubo que postergarlo hasta 1921. Lo mismo ocurrió entre 1939 y 1945. Durante la Olimpiada de Buenos Aires, en setiembre de 1939, se desató el segundo infierno e Inglaterra tuvo que abandonar. Alemania y Polonia empataron sus matches sin jugar. La olimpiada la ganó Alemania con bandera nazi.

¿Hay alguna partida que particularmente te emocione al volver a estudiarla?

—Muchas. Hay un libro que se llama Premios de Belleza del ajedrecista francés François Le Lionnais que tiene 250 partidas premiadas. Todas formidables y emocionantes. Es de Editorial Bruguera. Está en español. La sexta partida que ganó Magnus Carlsen en el Campeonato del Mundo a (Yan) Nepómniashchi, hace un mes, es formidable por lo extensa y errores de nervios que hubo.

El maestro Capablanca.

DEMASIADO EGO

—Hay una idea preestablecida de que el ajedrez es un juego intelectual y no físico. Pero, por la tensión de horas que puede haber entre jugadores, pareciera que se parece más al boxeo, que hay mucho de cuerpo, violencia e intelectualidad. ¿Cómo pensas estos aspectos?

—Sí, todo eso que decís. Pero tiene sus “inconvenientes”: como es una competencia individualista hay una tendencia a desarrollar mucho el ego. Entre los grandes campeones hay una tendencia a creer que son geniales a todo. Kasparov suele vanagloriarse que sabe de economía y política; creo que se debe a una envidia personal hacia Karpov, que sí es Licenciado en Economía y Política. En general son personas de gran cultura y tienen mucha memoria fotográfica. El drama de los ajedrecistas es que en la vida real creemos y queremos prever todo y la vida tiene factores que alteran la prevención.

—Tambien hay una tendencia, por ejemplo en el cine, a la espectacularidad al representar el ajedrez.

—Sí, pero solo los que entienden ajedrez pueden hacerlo bien. Los cineastas hacen todo espectacular y el ajedrez no lo es. Muy pocas películas tienen la verdad ajedrecistica como La reina de Katwe, excelente historia de una ignota ajedrecistad de Uganda. O Pawn sacrifice del complejo de Bobby Fischer.

—A propósito de lo audiovisual: ¿qué te pareció la serie Gambito de Dama, que tuvo tanto popularidad?

Gambito de Dama me reportó tener veinte alumnos por Zoom por semana. Anticipé que era algo pasajero. Así fue: unos meses después me quedaron tres alumnos. Me gustó la serie pero es muy fantasiosa. Se citan a ajedrecistas célebres, pero incorrectamente. Dicen que la asesoró Kasparov, pero no lo creo. Debe haber puesto la firma y cobró honorarios y envió a algún maestro de poco nivel. Igual los siete capítulos se pueden ver como espectador común. Ajedrecísticamente hay muy poco. El mensaje es claro: el despertar del feminismo intelectual, pero se olvidan de mujeres como Simone de Beauvoir.

EL OFICIO DEL AJEDRECISTA

—El estudio del ajedrez, las estrategias, los modos de razonar las jugadas… ¿se pueden aplicar a otros materias de la vida de un jugador amateur (por ejemplo en su oficio)? ¿O el ajedrez es un conocimiento tan específico que no se puede hacerlo?

—Se aplica hasta un cierto límite. Por ejemplo con el algoritmo de la máquina que le ganó a Kasparov en 1997 se usó para el estudio de fotografás de la tierra con el objetivo de vislumbrar dónde puede haber petróleo; también para hacer un cronograma de vuelos del Aeropuerto de Zurich, el aeropuerto con más vuelos en el mundo. Y no sé en cuántas otras cosas. Cuando me refería a prever en la vida, me refería por ejemplo a cosas sentimentales. El factor humano es impredecible. Es decir se puede prever hasta un cierto punto. La política también, la economía. Pero la incidencia narcisista del individuo altera todo.

—Más allá de los algoritmos y los programas de computadora, ¿se aplica ese conocimiento del ajedrez en la vida de una persona? Digamos, por caso, un abogado que practica el ajedrez… ¿Ese conocimiento le puede dar mayor solidez en la manera de pensar y actuar?

—¡Exacto! Ahí diste un ejemplo clave porque los abogados, ingenieros, físicos, químicos tienen un “razonamiento rectilíneo”. En cambio los médicos, los poetas y artistas tiene un “razonamiento humano-sinuoso”. Todos pueden ser buenos ajedrecistas porque el ajedrez se basa en dos formas de análisis: el que va de lo particular a lo universal o el que va de lo universal a lo particular.

—En ese sentido, como señalás, el razonamiento del ajedrez sería más aplicable a aquellos oficios con razonamientos rectilíneos.

—Sí, por eso las máquinas son superiores, supongo. Además de la velocidad.

ESCUELA DE AJEDREZ

—Pienso, siguiendo con esta línea, qué útil sería el ajedrez si fuera enseñado en todas las escuelas primarias como materia. Es en Rusia donde sí ocurre eso, ¿no?

—En varios lados. Acá también, pero extracurricular. O sea, no se lo califica al niño.

—¿Crees que debería ser obligatoria como materia en las escuelas primarias como son, por ejemplo, matemática y lengua?

—Primero como taller después de las 16 horas y de allí captar a los chicos que realmente tienen talento para el juego. En Rusia está metido como el fútbol acá, entonces muchos niños van con gusto a las clases de ajedrez. Además, ahí hay que hablar largamente con los psicopedagogos.

—¿Cómo funciona en la práctica la propuesta de taller después de las 16 horas?

—Ya existe actualmente, pero es desde las 18 horas. En una determinada cantidad de escuelas de Capital, a partir de las 18 se dictan clases a aquellos chicos que van de propia voluntad. Esos son los talleres codiciados por los profesores ajedrecistas porque los chicos allí están ávidos de aprender ajedrez. Y no en el plan regular de ir a las escuelas que se les asignan todos los años de 10 a 16 horas, porque allí los chicos no dan bola al ajedrez porque no es calificativo. La propuesta que hacía era que sea desde las 16 en lugar desde las 18 horas, es decir sumar horas de práctica.

El “Pulpo” concentrado, en plena partida.

¿Hay una edad propicia para empezar a practicar ajedrez?

—La Federacion Internacional hace el campeonato mundial sub-8. Creo que no es bueno. Me parece mejor entre los 10 y 12, pero en realidad no creo que algún humano lo sepa. La “maduración” es algo subjetivo….No sé.

—Más allá de que todo terreno es subjetivo, ¿después de cuánto tiempo de estudio un jugador puede empezar, más o menos, a dominar el ajedrez? Quiero decir, no para ser un Gran Maestro, sino para ser un jugador con solidez.

—Entender ajedrez, después de las 100 horas que dice Lasker….. ¿Dominarlo? ¡Nunca! Lo dicen todos los campeones, que van descubriendo cosas nuevas a cada rato.

CUESTIÓN DE CLASE

—Hace un rato conversábamos sobre la época dorada del ajedrez, aquella en la que tenía muchas páginas en el diario. ¿En qué momento estamos actualmente en el ajedrez argentino? ¿Qué lugar considerás que se le da?

—En los periódicos impresos murió. Avanzó mucho en los portales digitales.

—¿Entendés que hoy el ajedrez en Argentina perdió el prestigio y la popularidad que tuvo en una época?

—Argentina se quedó. Otros países, como Cuba, Brasil, Perú, EE.UU., avanzaron. Además, hay algo en el latinoamericano que lo induce a dormirse en los laureles. A Capablanca le pasó.

—¿Por qué se quedó Argentina? ¿Por falta de políticas públicas (subsidios, becas, etc) respecto al deporte?

—Sí, en gran parte. Y además por la idiosincrasia que te decía del individuo narcista. Por ejemplo Najdorf, (Oscar) Panno y Quinteros no se ocuparon de dejar discípulos. Panno sigue dando clases y son buenísimas, pero nunca entrenó a nadie.

—Me quedé reflexionando en aquello que decías de Latinoamérica: ¿la geografía del jugador define estilos de juego? Por ejemplo si nació en Cuba, en Argentina o en Rusia.

—Creo que sí, aunque esa pregunta se la hice a varios Grandes Maestros europeos y me dijeron que no. Pero hay una escuela de ajedrez rusa y otra de occidente. Precisamente, después de la Segunda Guerra Mundial, los rusos comenzaron a destacarse. Ahora está la escuela china y eso que Mao había prohibido el ajedrez.

—¿Hay una idea de que el ajedrez es solo accesible a una élite intelectual? En otras palabras, ¿hay una falta de popularidad en el imaginario social del ajedrez?

—Sí, muchos piensan eso, pero no es así. Hay muchos que no terminaron la escuela primaria y son grandes ajedrecistas. Ulf Andersson por ejemplo; Quinteros; el campeón argentino Juan Illesco; Cayetano Rebizzo; Tigran Petrosian.

—Analizando más detenidamente, ¿qué es lo que lleva a pensar que hay una cuestión clasista en el ajedrez?

—Viene del antigüedad cuando solo los nobles lo jugaban. Después, en la Edad Media, pasó a los cafés y se popularizó. Esa es una de las grandes cualidades del ajedrez: el rico y el pobre, el sabio e ignorante, jugando juntos.

—Hablando de clases, y dado su peso histórico en el deporte, ¿cuál fue la política de la revolución bolchiveque de octubre de 1917 respecto al ajedrez?

—Un apoyo inmediato: en 1925 hizo un gran torneo con la participación de Capablanca y toda la élite mundial. De una exhibición como aquella surgió Mikhail Botvinnik, probablemente la más grande figura del ajedrez comunista. Capablanca dio una simultánea en Moscú y perdió con un escolar de 12 años: Botwinnik, que era tío abuelo de la actriz argentina Amelia Bence.

—¿Creés que el ajedrez podría tener en este país el estatuto que tiene por ejemplo el fútbol? ¿O es demasiado imaginario pensar algo así?

—Creo que lo tendrá cuando dejemos de pensar con los pies…. Najdorf decía: “Primero la idea, después la jugada”. Por ahora hacemos jugadas sin ideas. Algunas salen buenas…. de casualidad.

UN ALFIL BUENO

—Si tuvieras que definir al ajedrez en el espacio de un tuit, ¿cómo lo definirías?

—Es una síntesis de arte y ciencia.

—¿Y cómo te definirías a vos dentro del ajedrez argentino?

—Un soldado más.

—¿Un alfil más?

— Sí (se ríe). Pero un alfil bueno…

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