El increíble error con un tablero de ajedrez en un clásico del cine

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Por Daniel Mecca (@danielmecca)

Ah, qué tema el ajedrez y el arte. Pongamos, por caso, el relato corto «El jugador de ajedrez Maelzel» (Historias extraordinarias, 1839), de Edgar Allan Poe; La defensa Loujine (1930) de Vladimir Nabokov; Jugador de ajedrez (1942) del austríaco Stefan Zweig; Gambito de caballo (1951) de William Faulkner; Murphy (1938), de Samuel Beckett y el propio Lewis Carroll en A través del espejo (1872) con su Alicia, un peón blanco, que corona en la octava fila como Dama y se despierta. Típico de Carroll.

Lo cierto es que tenemos un caso increíble con el ajedrez en la historia del cine. ¿Vieron El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman? La película es de 1957 pero por las dudas no vamos a spoilear: tenemos una Europa medieval, tras años de cruzadas en Tierra Santa, una Suecia destrozada por la peste negra y un caballero (el sueco Max von Sydow) que enfrenta a la muerte, al borde del mar, en una partida de ajedrez. O sea, literal. El tema es que en distintas escenas de este clásico vemos el tablero de ajedrez mal dispuesto.

Nos dice el maestro Roberto Grau en su Tratado general de ajedrez que al disponerse a jugar, el tablero debe colocarse de modo que cada uno de los jugadores tenga a su derecha un rincón de casilla blanca.

Como observamos en la imagen que ilustra este posteo, la partida entre el caballero —lleva las blancas— y la muerte (Bengt Ekerot) —lleva las negras, claro— tiene en el último rincón de la derecha una casilla negra. En otras escenas de esta película —un combate, con diálogos finísimos, entre la razón y la fe—, la disposición del tablero es correcta.

Son múltiples las películas con errores en las partidas de ajedrez, pero, sobre todo —dicen los que saben— caen en ‘espectacularizar’ una partida de ajedrez que, en los hechos, no ocurre.

En La diagonal del loco (1984), por ejemplo, toman una posición real, de una partida jugada por dos maestros, pero la continúan mal. En Knight moves (1992) citan aperturas que no existen. Sin embargo, una que los ajedrecistas valoran en general es Searching for Bobby Fisher (1993), cuyo director, afirman, es un jugador de primera categoría.

Ahora sí, jaque mate.

Publicada originalmente en Clarín

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