L’État, c’est moi: los 70 años de Charly García

UDO2KWHH5VC4PISDAVWOHD53HE-2

Por Daniel Mecca (@danielmecca)

Charly García es cuántico. Nunca está donde lo vamos a buscar. Lo vas a buscar a Sui Generis -digamos a “Quizás porqué”- y de repente aparece en “Ah, Te vi entre las luces”, de La Máquina de Hacer Pájaros. Lo encontrás en “Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario o no” y finalmente lo ves agazapado, intratable, en “Demoliendo hoteles”. García se va organizando en el movimiento, como una probabilidad.

Charly es un centro de gravedad del rock argentino. Una Supernova. Melodías de Charly hoy son paisajes de Buenos Aires. También sus letras. En su pendulación, pasará de La Ilíada y la Odisea, El Fantasma de Canterville y el mito griego de Casandra a nombrar a John Lennon y a Rucci.  Los personajes de la realidad que aparecen en su lírica lo hacen operar como un cronista de la época en la cual él mismo se ubicará como protagonista: un estropeado héroe del rock. Esas motos que van a mil.

En otra esfera de sus letras —recomiendo mucho leer el libro Charly en el país de las alegorías, de Mara Favoretto (Gourmet Musical)—, el amor está idealizado, pero no bajo ideales hegemónicos, sino de una juventud alternativa, desprejuiciada.  

García, a lo Charly, irá entonces contra las masculinidades: “Soy un hombre que quiere andar sin permiso para ir a llorar” (oración censurada de Instituciones); “Dos tipos en un bar se toman las manos, prenden un grabador y bailan un tango de verdad”. Esos raros peinados nuevos.

La política, obvio, también: «Botas Locas», «Los Dinosaurios», «No bombardeen Buenos Aires», «Juan Represión», “Canción de Alicia en el país” Qué temas. Y, además, el abordaje de la muerte: inevitable y seductora:  “Antes de llegar se aferraron mil ancianos pero se fueron igual”; “Preparás la cama para dos”.

Charly iniciará su imparable ego trip en los 80 hasta convertirse en una parodia de sí mismo. La construcción del personaje, el mito posmoderno, se irá observando en las letras. Ese García dirá: “No voy en tren, voy en avión”; También: “mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar”. Y además: “Correte, Beethoven”. 

Un García demoledor de hoteles. Un García indómito. Say More No.

Como decía Luis XIV de Francia: L’État, c’est moi. El Estado soy yo.

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 4.7 / 5. Recuento de votos: 34

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Responses

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  1. «Charly» -el personaje- es (fue) la impostura en sí misma. En ese sentido, un artista con todas las letras.
    Para eso tuvo que renunciar a una vida cómoda y monótona a la que estaba destinado. Conocedor de grandes artistas clásicos (Beethoven, Bach, etc.) -que circulan por pequeños sectores de élite-, García hizo obras de la misma magnitud algo más populares como «Desarma y Sangra» (una verdadera joya musical como así también por su letra). En ese sentido García necesita estudiarse en las universidades.
    Cómo olvidar su «colgadez» (si se me permite el término) llena de lucidez y aquella entrevista con Susana en la que la conductora le pregunta si era romántico (y ella aporta su idea de romanticismo de velas y otras sandeces): soy romántico, no boludo. Say No More!

Compartir:

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Mirá también:

Rankings de libros:

Últimas novedades editoriales:

Anterior
Siguiente