No te derrumbes, Fabio

Por Daniel Mecca (@danielmecca)

Conmueve Paolo Sorrentino con È Stata la Mano di Dio (2021). Asombra en la desolación.

El director italiano reafirma la ética y la estética lírica de su obra La grande bellezza (2013) y la puesta en escena del deseo —la fe en el deseo— de The Young Pope (2016).

Como un Pierre Menard borgeano, Sorrentino reescribe acá a Federico Fellini: ah, cuánto hay en esta última película de Amarcord, aquel film de 1973 que detuvo la indómita luz.

Digamos, entonces: Paolo Sorrentino, autor de Fellini.

Pero también le habla a Luchino Visconti con esas escenas a lo Muerte en Venecia (1971): la belleza es eso que pasa mientras el mundo se derrumba y suena la quinta de Mahler. 

“¿Tenés algo que decir? ¿Tenés una historia que contar? ¡Tené agallas! ¡Sacá el valor para contarla!”, grita en È Stata la Mano di Dio el personaje que interpreta al director Antonio Capuano. Le habla a Fabietto (Filippo Scotti), el joven y soñador protagonista de la película. Lo interpela como un padre, un Virgilio. Ante ellos el mar de Nápoles, la respuesta de Fabietto y un núcleo de ternura. 

“No te derrumbes, Fabio”, reclama Capuano. Fabietto hace un silencio, mira el oleaje —un plano expansivo, anochecido— y contesta: “Todos me llaman Fabietto”. 

—Es hora de que te llamen Fabio. No te derrumbes.

—¿Qué significa eso?

—Tenés que averiguarlo vos mismo, pedazo de mierda. ¡No te derrumbes!

Se va este 2021, otro año lleno de esperanza y angustia y mierda, dirigido por un capitalismo —no, no un capitalismo salvaje, sino un capitalismo y punto— que produce (y reproduce) hambre y pandemias. Que no libera patentes. Que se cuenta en muertes.

Hay, pese a todo —eso es lo notable —destellos de deseo. No sirve ninguna frase de clickbait de autoayuda: lo que sirve es no ser policías de la tristeza ajena. Lo que sirve es contar nuestra propia historia. Hacemos lo que podemos. Damos lo que podemos. Nos ilusionamos lo que podemos. Eso es un montón.

“Non ti disunire, Fabio”, está traducido como “No te derrumbes”. Pero me gusta también aquella: “No te desunas”, como seguir unido a la vida.

Por un 2022 sin desunirse, sin derrumbarse, líricos ante la mierda de todos los días, no queda otra. Quedamos.

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