Trilogía del dolor, de Daniel Mella: la muerte, y los cigarrillos, y un aire como de crimen

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// Compartimos la contratapa y el prólogo del libro Trilogía del dolor, de Daniel Mella, el nuevo lanzamiento de añosluz editora //

Por Mauro Libertella 

Recuerdo las circunstancias exactas en las que conocí los libros de Daniel Mella.

Esa especie de claridad de la memoria ocurre muy cada tanto, con libros muy puntuales, y es una señal a la que hay que atender. Por razones remotas había viajado solo a Montevideo y una tarde de domingo salí a deambular por Tristán Narvaja, bajo un cielo limpio. Entré a una librería al azar y, como si apostara todo un imperio a un número de la ruleta, le pedí al librero que me recomendara un solo libro; “lo mejor que se esté escribiendo ahora en Uruguay”, precisé, con grandilocuencia.

Vaciló apenas uno o dos segundos y me entregó Noviembre, de Daniel Mella.

Lo leí esa misma noche y me convertí en fanático suyo.

Luego pude conseguir sus primeros libros, cuyos títulos ya me produjeron un efecto narcótico incluso antes de su lectura, Pogo y Derretimiento. Esas tres novelas son las que conforman esta Trilogía del dolor, donde el dolor es el de la pérdida pero también el del descubrimiento, el de la epifanía: ese momento un poco borgeano en el que una persona se da cuenta de quién es.

Es un momento que siempre arde, y que atraviesa, como un río silencioso pero persistente, todo lo que escribe Daniel Mella.

Su literatura tiene, además, el doble encanto de ser al mismo tiempo dura y lírica: es una prosa que sabe golpear pero que también te contiene, como un terciopelo áspero.

Si yo fuera librero y viniera un chico algo errático a pedirme que le recomendara “lo mejor que se esté escribiendo ahora en Uruguay”, le daría este libro y no diría nada más.

Prólogo del libro, por Daniel Mella

La idea de que estos tres libros conformaran una trilogía se le ocurrió a Víctor Ruiz Velazco, escritor, poeta y editor peruano, que allá por 2014 sacó una modesta tirada de Derretimiento en su país natal con Santuario, la editorial que regenteaba junto con su amigo, el novelista Diego Trelles Paz.

Nos estábamos emborrachando con un trago clásico peruano cuyo nombre no recuerdo en un bar limeño de gran tradición literaria cuyo nombre también se me escapa y Víctor, producto de la emoción del momento, luego de haberme averiguado la historia que había detrás de Pogo y de Noviembre, y aunque todavía no los había leído, dijo que quería publicarlos también y que habría que presentarlos como la Trilogía del dolor.

No voy a contar acá las circunstancias en que escribí estos libros. Ya he hablado bastante de aquellos años de iniciación en entrevistas y en El hermano mayor y Visiones para Emma, mis últimas novelas. Lo que sí puedo decir es que nunca los pensé como una trilogía —lo único que tienen en común es a su autor y que los escribí muy joven y uno atrás del otro (Pogo a los 19, Derretimiento a los 21, Noviembre a los 23).

Supongo que es válido pensarlos como trilogía, por sobre todas las cosas, porque después de haber publicado Noviembre en el año 2000 estuve diez años sin escribir y eso da la sensación de que pertenecen a un período, aunque no son parte de una misma exploración estética, al menos no de una que yo haya sido consciente al momento de escribirlos.

Hay uno o varios muertos importantes en cada uno de ellos, eso es algo que tienen en común: la presencia de la muerte, y los cigarrillos, y un aire como de crimen. Salvo por eso y por el hecho de que se trata de libros violentos, o de libros en los que la gente sufre y hace sufrir, me parecen libros muy distintos entre sí, como es natural que suceda al principio, cuando sos joven y empezás a escribir y no parás de aprender y de cambiar todo el tiempo.

Hace poco un amigo me dijo que le parecía mala idea publicar los tres libros en un solo volumen, que eso de algún modo reducía el valor de cada uno de los libros. Yo no sé qué pensar. Pienso que los caminos de la vida son misteriosos y que por ende los caminos que recorren los libros también lo son. Derretimiento es al que mejor le ha ido. Fue publicado en España, en Perú y en Argentina y siempre hay alguien intentando convertirlo en película, mientras que Pogo y Noviembre no han corrido con la misma suerte, así que tal vez esta sea, sencillamente, la mejor manera de que crucen el charco.

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