Y sin embargo, Modern Family

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Por Daniel Mecca (@danielmecca)

Seguro que ustedes ya vieron la serie Modern Family, ¿no? Ok, sí, ya tiene varios años, si cuando la estrenaron el dólar estaba a $3,85. Lo cierto es que la empecé hace unas semanas sin demasiado entusiasmo -ay, qué lindo, otra copia del formato The Office (ese sería mi ‘yo’ irónico)- pero me fui enganchando y bueno, pasaron cosas.

El humor de la serie funciona. Es sencillo y efectivo. Se monta sobre la base de un falso documental para retratar la vida de tres familias modernas con todas sus variantes: padres gay; una madre hiperexigente con daddy issues; su hermano gay con mommy issues; el padre de ambos, machirulo con toques sensibleros y casado con una bomba latina que a su vez tiene un encantador niño colombiano con el perfil de Lord Byron.

La serie se mueve en dos planos de chistes: la hiperbolización de las fallas familiares en un entorno disfuncional y el desacople de registros en los estereotipos. Es decir, se exageran los estereotipos pero inquietan en tanto están desorganizados: el más gay de repente presenta esterotipos paqui y así. En ese plano de combinaciones opera un humor sobre la base de la confusión de narraciones hilarantes. Son molestos los remates de final feliz y toques de moralina de cada capítulo, pero no hace perder la potencia en un entorno que se hace sofisticado en la falla.

Todo esto viene a cuento de que estoy leyendo el muy buen libro Y sin embargo, el amor (Paidós), de Alexandra Kohan, en el cual, trabajando sobre la base de Lacan y Jean Allouch, señala en un capítulo que si lo cómico es superior a lo trágico, es porque en lo cómico queda disuelta la eficacia del terror.

Cita a Lacan: “El amor, éste es el punto donde digo que se sitúa en la cima de la comedia clásica. Ahí está el amor. Es curioso ver hasta qué punto, el amor, sólo lo percibimos a través de toda clase de muros que lo ahogan, muros románticos, cuando el amor es esencialmente cómico”.

Kohan, entonces, remarca que el efecto fundamental de lo cómico desenmascara, hace caer una imagen fatalmente erigida: “En la risa -escribe ella- está concernida la máscara, la imitación, pero justamente en su caída el desenmascaramiento”. A decir de Lacan: para hablar del amor no basta con ser un poeta trágico, también hay que ser un poeta cómico.

Detrás -y de cerca- los personajes de Modern Family están rotos, demandan amor, están llenos de amor, hacen lo que pueden, son raramente encantadores en sus pequeñas tragedias. Lo cómico, a decir de Alexandra, hace caer el valor trágico. La caída de sus máscaras los hace fallar mejor. El humor los hace eficaces en su hermosa tragedia.

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