Máquina purificadora de la naturaleza

Máquina purificadora de la naturaleza, tu oscuro anhelo con su pluvial consuelo te llevan al destino irisado y en el camino abrazas al alba; yo aferro el pulmón argentino de repuesto mientras mis pupilas fijan el tamaño para tomar, cebar, beber y saciarme de tus detalles.

Matices de verdes, tomen fuerzas y yo tomaré vuestro regalo oxigenado en mitad de la carrera de las gotas por el circuito rombo sobre el alambrado… A través de la cortina que reincide en línea recta cual hilo entrecortado concluyendo sobre un suelo remojado… Entre el acuoso frío que acecha el medidor potencial, en cadencia sonora, marcando el nivel de armonía desde el techo de chapa.

Y decir que a tu presencia invocan demencia en algún papel… Justo a aquel que regala olor a tierra mojada. Justo a aquel, dador de resfríos a los que van por el camino buscando fluir como ríos. Justo a aquel, no? ¨Ella debe estar tan linda¨ porque se rodea de estocadas finas; desde mi punto de vista. Desde su punto de vista, no mezquina belleza ni vida. Cae tan puro que puede ser limpio como puede ser sucio, todo varía en cómo interactúa la cabeza donde precipita la gota; y así va jugando con el paisaje para cumplir la lista de quehaceres. A decirte quién eres o a darte lo que quieres. A decirte que llores o darte reflexiones. A decirte que debes salir con abrigo a un camino donde el barro será tu enemigo y tu caída su objetivo. A darte razones para no quedarte tendido y levantarse por sentido común. ¡Podés caerte! Pero no abrazarte y ser parte del desastre que tus prendas reflejan al mirarte; seguí caminando y la lluvia logrará limpiarte.

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